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| CLUB_EMPRESA_FAMILIAR |
| NO ES LO QUE SOY, ES LO QUE HAGO (EXPANSIÓN 03/03/08) |
| 04/03/2008 |
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En una empresa, es imprescindible que cada trabajador aporte su esfuerzo individual para alcanzar el éxito colectivo, que se traduce en generación de riqueza. Parece lógico y justo, pues, que dependiendo del grado de implicación y de la aportación de cada empleado a la compañía, éste reciba una porte mayor o menor de la riqueza generada.
En la empresa familiar, como en cualquier otra empresa, la compensación económica debería estar regida por este principio. Para asegurarse de que esto se lleve a cabo de una forma lo más profesional posible, la empresa familiar debe dotarse de un sistema formal de evaluación, es decir, tiene que disponer de las herramientas necesarias para poder realizar una evaluación de desempeño objetiva y transparente. Este proceso debe separar los aspectos familiares de los empresariales y procurar que los empleados ajenos a la familia perciban que la evaluación es justa y objetiva, que todos los trabajadores se evalúan bajo las mismas normas y condiciones, sin favoritismos. Asimismo, el proceso ayudará a comprender a los empleados familiares que en la empresa, a diferencia de la familia no se les valorará por lo que son, sino por lo que hacen.
Todos por igual
Dar el mismo trato es completamente distinto a dar a todos la misma retribución. Desde el primer día en que alguien entra a trabajar en una empresa, empieza automáticamente a ser evaluado, ya sea de forma explícita, con sistemas formales de evaluación, o de manera implícita. Evaluar al empleado es esencial, ya que de ello dependerán aspectos tan importantes como su salario, a corto plazo, y sus posibilidades de ascender dentro de la compañía, a lo largo de su trayectoria profesional. De ahí que sea tan importante que la evaluación se realice de manera formal, con profesionales y rigor, y que no quede relegada al criterio o la voluntad de un directivo o de un familiar.
Cuando un miembro de la familia se incorpora a la empresa, debe tener claro que su desempeño será evaluado como el de todos sus compañeros, debe percibir que existe un trato de igualdad entre los trabajadores familiares y los no familiares. A veces, los miembros de la familia propietaria reciben algún tipo de trato de favor, aunque también se da el caso del padre / hermano empresario que tiende a pagar menos al empleado hijo / hermano, considerando que su esfuerzo ya se verá suficientemente recompensado el día que éste hereda la propiedad de la compañía.
Del mismo modo, se pueden encontrar situaciones de trato desigual dentro de la misma familia, como puede ser pagar a todos los hijos por igual, sin tener en cuenta su posición en la empresa y su contribución al negocio, con la intención de ser un “buen padre” y olvidando que lo que se busca en la empresa es ser “un buen empresario”. En otras empresas, en cambio, se compensa a los miembros familiares según criterios que nada tienen que ver con un desempeño dentro de la compañía: según la edad o según el número de hijos que tienen que mantener, por ejemplo. Todas estas situaciones acaban creando, inevitablemente, tensiones dentro de la empresa familiar.
Para que esto no ocurra, es aconsejable establecer una política clara de evaluación del desempeño, que ayude a maximizar la objetividad y a minimizar el componente afectivo, emocional. El objetivo principal del sistema de evaluación es llegar a tener una estimación cuantitativa y cualitativa del grado de eficacia con el que los empleados están desarrollando su trabajo y están ejerciendo sus responsabilidades. Los resultados de la evaluación deben permitir recopilar la información necesaria para la toma de decisiones relevantes para la empresa, como son los cambios de puestos, la asignación de incentivos o la revisión de salarios.
Además, un sistema de evaluación formal permitirá a los empleados conocer qué expectativas tiene de ellos la empresa y en qué medida éstas encajan con sus inquietudes. Los empleados no familiares sabrán que pueden sobresalir, progresar y ascender por sus cualidades personales y los miembros de la familia entenderán que los lazos de sangre no supondrán ni una ventaja ni un inconveniente en su carrera profesional dentro del negocio familiar.
Del mismo modo, un sistema de evaluación formal es la mejor manera para los directivos de conocer las capacidades y encauzar las inquietudes de los empleados dentro del organigrama empresarial. No todas las personas tienen las mismas aspiraciones, por lo que tan contraproducente resultará frustrar la promoción de un empleado que se esfuerza por ascender, como promover el ascenso del que, ya sea por motivos personales o profesionales, no tienen ningún interés en asumir más responsabilidades.
Formalizar el proceso
Generalmente, la tarea de evaluar queda reservada a los superiores inmediatos, que hacen una valoración del desempeño de cada trabajador en función de los cuestionarios diseñados por expertos en Recursos Humanos. Estos últimos fijarán de antemano unos criterios de evaluación que se adapten a cada categoría profesional y que, a la vez, establezcan un procedimiento uniforme e integrador dentro de la totalidad de la empresa.
No existe un único procedimiento de evaluación, ya que su naturaleza debe adaptarse a las particularidades propias de cada empresa. Sin embargo, es importante tener muy claro cuáles son los objetivos que persigue la evaluación en la empresa familiar antes de concretar el procedimiento. Ésta puede servir para detectar carencias o potenciales en los empleados, hacer ajustes en el organigrama de la compañía, premiar el desempeño, fijar una parte variable de la retribución o contemplar objetivos particulares de cada empresa en concreto.
Obtener la información adecuada para llevar a cabo la evaluación no es una tarea fácil, ya que es necesario recopilar una gran cantidad de datos de tipo cuantitativo, pero, sobre todo, información cualitativa. Esto requiere un gran esfuerzo de objetividad por parte del superior inmediato, quien deberá dejar a un lado las afinidades o desavenencias con la persona evaluada para poder valorar correctamente su desempeño. En las empresas pequeñas y, sobre todo, en las familiares, ser imparcial resulta especialmente difícil, ya que normalmente las relaciones interpersonales que se establecen entre los miembros de la plantilla son mucho más estrechas y pueden perjudicar la objetividad del proceso.
Establecer un sistema formal de evaluación y aplicarlo de una forma imparcial y transparente puede resultar, pues, complicado dentro de la estructura de la empresa familiar, pero es clave para la buena marcha del negocio. Sólo una compañía sana en su interior, libre de los recelos que puede generar el trato de favor y donde se reconozca y se premie el esfuerzo individual de cada empleado, conseguirá ser una empresa competitiva hacia el exterior.
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